Por Alberto Núñez Hernández

Nelson Guzmán: “Guardo en mi bolsillo un fragmento de una piedra que alguna vez moró en el interior de columnas antiguas y que una bala de cañón otomano expuso a la luz para que ya sin valor, como mero escombro diminuto o souvenir gratuito, yaciera en mi bolsillo” (Foto: Merari Martínez Castro)
Dentro del Museo Zacatecano se encuentra una exposición colectiva llamada Piedra de Sol la cual, según sus artistas se muestra que la piedra es también un lento flujo, una metamorfosis de polvo o magma, que en sus entrañas la tierra incuba para darla a luz ante el ojo solar que la desnuda.
Nelson Guzmán, uno de los exponentes, describe una experiencia personal con las piedras comunes, “guardo en mi bolsillo un fragmento de una piedra que alguna vez moró en el interior de columnas antiguas y que una bala de cañón otomano expuso a la luz para que ya sin valor, como mero escombro diminuto o souvenir gratuito, yaciera en mi bolsillo”.
En algunas de las figuras expuestas se habla de diversas situaciones como una que dice: “Esa piedra ya era íntegra cuando Fidias la esculpió a iniciativa de Pericles, cuando escondida en el interior del muro frente al que Sócrates, acusado por Meleto, dialogaba con Eutifrón sobre dioses y piedad, cuando paseándose por el ágora ateniense, Diógenes el perro se mofaba de la estupidez inherente”.
Cabe destacar que la piedra es un antepasado de costumbres ajenas: “no suele respirar, pero vive y posee nervaduras como la piel desnuda asechada por los mares del deseo, en ella habitan ecos inmemoriales, voces policromas que la esculpen hasta encontrar el punto culminante, el roce exacto donde el deseo pule la desnudez en que los tigres abrevan sueño.
En cada piedra habita el universo, paseo lunar por la que dibujan su travesía las edades y el perpetuo errar de los humanos, la agonía en la que dos combaten en mutuo suicidio, mezclan sus aguas y dan un nuevo tiempo.
Por ello se invita a la ciudadanía zacatecana a que formen parte de esta exposición, la cual muestra una belleza diferente, una belleza que tal vez nadie o en su mayoría, las personas no ponen atención.
