Por Claudia de Santiago
Como cada año los panteones de Herrera y La Purísima lucieron llenos de color, alegría, melancolía y tristeza, donde cientos de personas entre niños, jóvenes y adultos acudieron celebrar el Día de Muertos, a recordar y visitar las tumbas de sus seres queridos.
Desde muy temprano las puertas, calles y banquetas de los panteones estuvieron repletos de gente, flores y música, en donde cientos de personas entraban y salían, algunos acompañados de ramos de flores, coronas, cruces, rosarios, guitarras, escobas, palas, e incluso comida.
Mientras unos lloraban, otros reían y cantaban alrededor de las lápidas, acompañados de conjuntos musicales, y otros más realizar trabajos de limpieza en las tumbas de sus seres queridos.
A su vez se podían observar los claroscuros de este festejo, mientras algunas familias oraban y otras mantenían una celebración religiosa.
A algunas familias se les pudo observar barriendo y lavando las lápidas, en otras incluso hasta retocaban los barrotes alrededor de la tumba con algo de pintura.
Todo el día los cementerios lucieron llenos de vida y de colores durante la celebración del Día de Muertos con coronas, diversidad de flores, rosas y la tradicional flor de cempasúchil.
La mayoría de las tumbas se vieron llenas de vida a través de los arreglos florales que lucían, sin embargo también se pudo observar una serie de sepulcros solos y sin ningún tipo de arreglo floral.
Algunas de las lápidas más antiguas que aún tienen inscripciones legibles son anteriores a 1900, las cuales en su mayoría lucieron solas y sin arreglos florales, ocasionalmente sirven como bancas para descansar mientras se visita a otros difuntos.
