“No es un Simple Rito del Pasado”
Por Miguel Alvarado Valle

El obispo de la Diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló (Foto: Rocío Castro Alvarado)
Durante la misa dominical, el obispo de la Diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló, llamó a la comunidad a reflexionar sobre el cierre del ciclo litúrgico de Navidad y el inicio del tiempo ordinario, destacando que este momento marca no sólo el final de una etapa celebrativa, sino el comienzo del compromiso cotidiano de vivir la fe de manera coherente. Señaló que las celebraciones recientes han permitido recordar el sentido profundo de la presencia de Jesús en el mundo, no sólo como un hecho histórico, sino como una invitación permanente a la transformación personal.
El obispo subrayó que el bautismo de Jesús representa un mensaje de cercanía y humildad, al explicar que, aun sin tener pecado, decidió colocarse al nivel de todos, compartir la condición humana y hacerse solidario con quienes buscan redención. En ese gesto, dijo, se expresa con claridad el propósi to de su misión: traer paz, acompañar a las personas en sus fragilidades y mostrar que la salvación no nace del esfuerzo individual, sino de la iniciativa y la gracia de Dios.
Noriega Barceló destacó que este mensaje t iene una conexión directa con la vida de cada creyente, al recordar que el bautismo no es un simple rito del pasado, sino el origen de la dignidad cristiana. Af i rmó que, desde ese momento, cada per sona es reconocida como hi ja amada de Dios, una condición que no se pierde a pesar de las fallas humanas. En este sentido, insistió en que el bautismo no se puede anular ni repetir, porque es un don permanente que compromete a vivir con responsabilidad y esperanza.
El prelado invitó a los fieles a preguntarse qué han hecho con esa gracia recibida, si aún permanece viva la conciencia de lo que significa haber sido bautizados y si el compromiso adqui r ido sigue ref lejándose en la vida diaria. Señaló que la fe no se limita a los templos ni a celebraciones especiales, sino que debe expresarse en acciones concretas, en la manera de tratar a los demás y en la disposición constante de hacer el bien.
Llamó a formar creyentes convencidos, capaces de i r radiar alegr ía, coherencia y esperanza en cualquier espacio donde se encuentren, convirtiéndose en testigos auténticos y no sólo en observadores de la fe. Finalmente, el obispo explicó que el inicio del tiempo ordinario en la liturgia es una invitación a vivir el Evangelio en lo cotidiano, a
