Llama a Fortalecer la “fe Auténtica”

Por Miguel Alvarado Valle

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Sigifredo Noriega Barceló, obispo de la Diócesis de Zacatecas (Foto: Rocío Castro Alvarado)

El obispo de la Diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló, centró su mensaje dominical en una re􀃀exión profunda sobre el inicio del año y el sentido espiritual de la llamada “cuesta de enero”, a la que describió como un tiempo de arranque para los sueños, anhelos y propósitos personales y comunitarios.

Reconoció que este mes suele sentirse pesado, pero subrayó que, conforme avanzan las semanas, también se retoma el ritmo de la vida cotidiana y de la palabra de Dios, enmarcada aún en el tiempo litúrgico de la Epifanía, que recuerda las diversas manifestaciones de Jesucristo al mundo.

El prelado explicó que estas manifestaciones –la Navidad, la adoración de los Reyes Magos, el bautismo de Jesús y otros pasajes evangélico– revelan la gloria de Dios y tienen un sentido directo para la vida de los creyentes. Señaló que en cada uno de esos momentos la humanidad se ve re􀃀ejada en los pastores, en los magos de Oriente y en quienes reciben el bautismo. Sin embargo, destacó que la liturgia del día también confronta a los fieles con una realidad dolorosa y compleja: la existencia del mal y del sufrimiento, que genera confusión y preguntas profundas en el corazón humano.

Al referirse a las lecturas bíblicas, Noriega Barceló recordó el anuncio del profeta sobre el siervo que vendría a salvar, así como el saludo de san Pablo a una comunidad cristiana dividida, a la que desea gracia y paz, frente a la violencia, la guerra y la desgracia.

En ese contexto, puso especial énfasis en el testimonio de Juan el Bautista al señalar a Jesús como “el Cordero de Dios”, afirmación que dijo, resume el sentido de su misión y constituye el núcleo de la fe cristiana. El obispo profundizó en el significado de la expresión “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, destacando que se trata de una afirmación en tiempo presente, que se proclama en cada Eucaristía.

Subrayó que no se habla sólo de perdonar, sino de “quitar” el pecado, es decir, de ir a la raíz del mal que afecta a la humanidad de todos los tiempos. Esa raíz, explicó, se encuentra en el corazón humano, donde nacen el orgullo, el egoísmo, la mentira y la indiferencia hacia Dios y hacia el prójimo. En ese sentido, señaló que el bautismo representa el primer paso en la vida cristiana, pues injerta al creyente en Cristo y le permite no sólo luchar contra el mal, sino erradicarlo desde su origen y optar activamente por el bien.

Destacó la grandeza de la fe recibida y la responsabilidad de transmitirla a las nuevas generaciones, especialmente en un contexto mundial marcado por la violencia, la confusión y la incertidumbre desde los primeros días del año.

Finalmente, el obispo planteó dos tareas concretas para este inicio de 2026: fortalecer una fe auténtica que permita a Cristo sanar el corazón humano y sumarse de manera activa a la lucha contra el mal mediante la práctica cotidiana del bien.