Refugios y Colectivos Tratan de Resguardarlos, sin Apoyo Gubernamental

Por Nallely de León Montellano

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Los llamados lomitos, al igual que los gatos, enfrentan severas condiciones adversas en esta temporada de frío (Foto: Rocío Castro Alvarado)

Las bajas temperaturas, las lluvias intermitentes y las rachas de viento que se han registrado en la capital y la zona conurbada han vuelto a poner en el centro del debate una problemática persistente y muchas veces invisible: la situación de cientos de perros y gatos que viven en la calle sin un lugar seguro donde resguardarse de las inclemencias del tiempo.

Mientras gran parte de la población enfrenta el frío desde sus hogares, en colonias de Zacatecas y Guadalupe es común observar animales sin hogar expuestos a la lluvia, durmiendo bajo vehículos, en banquetas o entre escombros, con riesgo de hipotermia, enfermedades respiratorias y desnutrición, especialmente durante las madrugadas, cuando la temperatura desciende hasta los 3 grados centígrados.

Rescatistas y colectivos animalistas han advertido que las condiciones climáticas extremas agravan la vulnerabilidad de estos animales, particularmente de cachorros, gatos recién nacidos y perros de edad avanzada. La falta de refugio y alimento sufi ciente se traduce, en muchos casos, en muertes que pasan desapercibidas.

En Zacatecas, la atención institucional para animales en situación de calle se concentra únicamente en dos espacios públicos como el Centro de Atención Canina y Felina (CACF) de la capital, que ofrece servicios gratuitos como esterilización y adopciones, y el Centro de Bienestar Animal de Guadalupe, que brinda atención veterinaria a bajo costo.

Fuera de estos centros, la mayor parte del trabajo de rescate, resguardo y cuidado recae en asociaciones civiles y rescatistas independientes. Actualmente, al menos 10 refugios y colectivos animalistas operan en el estado con recursos propios, donativos y trabajo voluntario, enfrentando una alta demanda sin apoyos gubernamentales constantes.

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Desde la perspectiva animalista, el bienestar animal no es un tema secundario ni exclusivo de rescatistas, sino un asunto de responsabilidad colectiva

A estos esfuerzos se suman campañas solidarias como “Abrigando Patitas”, que buscan recolectar cobijas, ropa, alimento y materiales para improvisar refugios temporales durante la temporada invernal. No obstante, quienes trabajan en el rescate animal coinciden en que la ayuda sigue siendo insuficiente frente al tamaño del problema, y que la responsabilidad no puede recaer únicamente en la sociedad civil.

En este contexto, el Congreso del Estado aprobó recientemente una nueva Ley de Bienestar Animal, que amplía las obligaciones del Estado en materia de protección, trato digno y atención a casos de maltrato. Entre los avances más relevantes se encuentra la creación de un Registro Estatal de Albergues para Animales en Situación de Calle, así como la implementación de campa ñas educativas y un sistema de atención a denuncias por violencia contra animales. De acuerdo con legisladores, esta reforma surge en un contexto de creciente preocupaci ón social por el abandono y el maltrato animal en distintos municipios del estado.

Sin embargo, organizaciones animalistas han advertido que, pese al avance legal, aún no existe una partida presupuestal específica que garantice apoyos permanentes a los refugios, lo que limita el impacto real de la ley, sobre todo en temporadas críticas como el invierno.

Desde la perspectiva animalista, el bienestar animal no es un tema secundario ni exclusivo de rescatistas, sino un asunto de responsabilidad colectiva. Acciones simples como permitir que un perro o gato se resguarde del frío, colocar cajas o cobijas en espacios seguros, donar alimento o apoyar a refugios locales pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

En medio del frío, la lluvia y el viento, la situación de los animales sin hogar vuelve a cuestionar la capacidad de la sociedad y de las instituciones para garantizar condiciones mínimas de dignidad a quienes no tienen voz, pero sí padecen las consecuencias del abandono.