Llama a Tomar una Actitud Serena y Comprometida

Por Miguel Alvarado Valle

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El obispo de la Diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló (Foto: Rocío Castro Alvarado)

El obispo de la Diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló, centró su mensaje dominical en una reflexión sobre el paso del tiempo, la vida cotidiana y la necesidad de encontrar sentido y orientación en medio de los retos actuales.

Al dirigirse a la comunidad, subrayó cómo los días, las semanas y los años parecen transcurrir cada vez con mayor rapidez, lo que obliga a las personas a detenerse y re􀃀exionar sobre la manera en que se va tejiendo la propia existencia y las decisiones que se toman para seguir adelante.

En ese contexto, destacó la importancia de la palabra como guía permanente para la vida diaria, no sólo como un elemento religioso, sino como una luz que ayuda a comprender y enfrentar las realidades ordinarias: el trabajo, las dificultades económicas, las tensiones sociales y los cambios que trae cada etapa del año.

Señaló que escuchar verdaderamente implica permitir que el mensaje transforme el interior de las personas y se refleje en sus acciones hacia los demás, especialmente en tiempos marcados por la incertidumbre y la inseguridad. El obispo hizo énfasis en que los momentos críticos suelen ser aquellos en los que más se necesita claridad y fortaleza interior.

En situaciones de miedo, confusión o tentación de buscar soluciones rápidas y superficiales, llamó a optar por una actitud serena y comprometida, capaz de enfrentar la realidad tal como es. Desde su perspectiva, es precisamente en los escenarios difíciles donde surge la oportunidad de tomar decisiones más conscientes y solidarias, evitando caminos fáciles que no resuelven de fondo los problemas.

Asimismo, resaltó que el mensaje que se proclama no está destinado a quedarse en espacios cerrados o reservados para unos cuantos, sino a llegar a todos los ámbitos de la vida social. Insistió en que debe salir al encuentro de las realidades más complejas y de las personas que suelen ser marginadas o consideradas incapaces de aportar algo al bien común.

En ese sentido, habló de una transformación que no sólo ilumina, sino que impulsa a reconstruir el tejido social desde la justicia, la paz y la responsabilidad compartida. Otro de los puntos centrales fue el llamado a la conversión entendida como un cambio de enfoque personal y colectivo.

Más que un concepto abstracto, explicó que se trata de dejar de colocarse a uno mismo en el centro para dar prioridad a valores que promuevan el bien común. Este cambio implica asumir un compromiso activo en la construcción de una sociedad más humana, donde cada persona aporte lo que ha recibido y se convierta en parte de una misión compartida.

Finalmente, el obispo recordó que este llamado no es individualista ni aislado, sino comunitario, destacando la importancia de caminar juntos, de responder en conjunto y de asumir la corresponsabilidad que implica seguir un proyecto de vida con sentido.