Comunidad Minera Exige Justicia por Compañeros Asesinados en Sinaloa
Por Nallely de León Montellano Fotos: Diana Moreno Valtierra

En la manifestación pacífica participaron alrededor de tres mil personas de la comunidad minera y de colectivos de personas desaparecidas
Con cascos en alto, lámparas encendidas y pancartas exigiendo justicia, la comunidad minera de Zacatecas salió a las calles para alzar la voz por los mineros asesinados en Concordia, Sinaloa. A la movilización se sumaron colectivos de personas desaparecidas, en una marcha pacífica que partió de la Unidad Académica de Ingeniería y concluyó en la Plaza de Armas.
Durante el recorrido por el bulevar y Centro Histórico, una de las consignas que más retumbó fue directa y contundente: “¡No fue confusión, fue extorsión!”.
Con esa frase, los manifestantes rechazaron versiones que intentan presentar los hechos como un error y exigieron una investigación seria, transparente y sin simulaciones. El asesinato de los mineros zacatecanos ocurrió en un contexto de violencia que desde hace años golpea distintas regiones de Sinaloa, donde la disputa de grupos delictivos ha impactado a comunidades y sectores productivos.
Para el gremio minero, lo sucedido marca un precedente doloroso, la violencia externa alcanzó directamente a trabajadores plenamente identificados que se encontraban laborando. En la Plaza de Armas se pronunciaron los nombres de Ángel Hernández, Ignacio Salazar, Manuel Castañeda, Antonio de la O y Antonio Jiménez. Cada nombre fue seguido por una fuerte consigna “¡No están solos!” y “¡Justicia!”, mientras los asistentes levantaban sus cascos.
“Trabajar no debe ser una sentencia de muerte”, expresaron familiares y compañeros. También exigieron información clara y constante sobre lo ocurrido, así como responsabilidad institucional.
“Si se trabaja en zonas de riesgo, deben existir protocolos reales de seguridad. La ley dice que el trabajador debe estar protegido, no expuesto”, señalaron.
Los colectivos de personas desaparecidas que acompañaron la marcha subrayaron que el dolor que hoy vive el gremio minero es el mismo que enfrentan miles de familias en el país. Recordaron que la violencia no distingue oficios ni profesiones y que la exigencia de verdad y justicia es una causa compartida. Entre las intervenciones estuvo la del padre de José Ángel Hernández Velez, uno de los mineros asesinados, también llamado José Ángel.
Con voz firme, explicó que formó a su hijo como ingeniero y que su único “pecado” fue salir a buscar mejores oportunidades.
“Ya a mi hijo me lo quitaron, pero espero que se me haga justicia”, expresó al dirigir un llamado a la presidenta Claudia Sheinbaum y al gobernador David Monreal Ávila para que el caso no quede impune.

El dolor y la injusticia se acumulan
Dijo confiar en las autoridades, pero pidió resultados. Señaló que la muerte de su hijo y la de su compañero Ignacio no pueden convertirse en una cifra más dentro de las estadísticas nacionales.
“Su único error fue salir a buscar mejoras para su vida”, afirmó.
También tomó la palabra José Manuel Trejo Pacheco, trabajador del sector metalmecánico y de Ciencias de la Tierra desde 1980, compañero del gremio minero. Señaló que, paradójicamente, hoy siente más miedo en las calles que dentro de la mina.
“Adentro nos cuidamos de una mala planeación, de una voladura; nos capacitan y nos dan herramientas para enfrentar esos riesgos. Afuera no tenemos nada que nos proteja”, expresó. Subrayó que los mineros no son delincuentes y que el único “crimen” que cometen es salir a trabajar para sostener a sus familias.
Rubén del Pozo, director de la Unidad Académica de Ciencias de la Tierra de la UAZ y presidente del Consejo Directivo Nacional de la Asociación de Ingenieros de Minas, Metalurgistas y Geólogos de México, reconoció que el sector ha avanzado en la prevención de riesgos dentro de las minas, pero enfrenta ahora una realidad distinta fuera de ellas.
“Jamás habíamos tenido un suceso de esta naturaleza. Hemos superado muchos riesgos dentro de la mina y hoy tenemos que enfrentar los riesgos de seguridad fuera de ella. Es necesario voltear la mirada hacia las regiones mineras”, expresó, al enviar su pésame a las familias.
Durante la movilización también se exigió que continúen las labores de búsqueda para quienes permanecen desaparecidos y que se brinde apoyo económico, moral y legal a las familias de los mineros asesinados, varios de ellos principal sustento de sus hogares.
“Verdad para los desaparecidos, justicia para los asesinados y seguridad para los que siguen trabajando”, fue otra de las consignas reiteradas. La jornada concluyó con un minuto de silencio en honor a los mineros asesinados y a las personas desaparecidas en el país. Posteriormente, el silencio fue sustituido por un minuto de aplausos, un gesto colectivo para honrar sus vidas y su dignidad. Cascos inclinados, lámparas apagadas y manos alzadas cerraron una marcha que dejó claro que el gremio minero zacatecano no piensa callar, porque, insistieron, trabajar no puede seguir siendo una sentencia de muerte.
