En el Centro, la Actividad fue Mínima

Por Nallely de León Montellano

Imagen relativa a la nota.

El taxista Álvaro Rosales Ortiz señaló que en el bulevar el tráfico era fluido (Foto: Diana Moreno Valtierra)

Tras los recientes hechos de violencia registrados en Jalisco, el impacto se dejó sentir este lunes en la capital zacatecana. El Centro Histórico amaneció con un silencio poco habitual y una cantidad considerable de comercios optó por no abrir sus puertas, por lo que, en el primer cuadro de la ciudad, el movimiento fue notoriamente menor al de un día ordinario.

Aunque algunas instituciones privadas informaron que continuarían actividades conforme a las indicaciones oficiales –que hasta el momento no contemplaban suspensión generalizada–, otras decidieron detener labores de manera preventiva, al igual que en escuelas públicas de algunos municipios, donde suspendieron clases, y en otros casos activaron la modalidad de clases a distancia.

La ausencia de estudiantes en horarios clave, la disminución de tráfico vehicular y el cierre de establecimientos generaron una estampa inusual para un lunes en el corazón de la capital y quienes trabajan en la calle lo percibieron de inmediato. Álvaro Rosales Ortiz, conductor del taxi 119 del Sitio Catedral, confirmó que desde temprano se registró una baja considerable en el servicio.

“De siete a ocho y media es cuando hay más movimiento por las escuelas, pero hoy está muy tranquilo, muy tranquilo”, comentó.

El taxista explicó que, aunque no laboró el día anterior, este lunes la diferencia fue evidente desde la mañana. Señaló que muchas escuelas no abrieron y que eso impactó directamente en el flujo habitual de pasajeros. En el Centro Histórico, agregó, la actividad fue mínima.

“Hay muchos comercios cerrados. Mucha gente viene de fuera y prefirió quedarse en sus casas”.

La reducción no solo se percibió en la zona centro.

En el bulevar, uno de los puntos con mayor carga vehicular, el tráfico fluyó con inusual rapidez.

“Otros días es muy lento el tráfico y ahorita se ve muy fluido. Ahí es donde más se nota”, indicó. Para quienes viven del servicio diario, la jornada representó incertidumbre económica.

Rosales trabaja de seis de la mañana a siete o siete y media de la noche, tres o cuatro días por semana, y aseguró que cumpliría su horario pese a la baja demanda.

“Uno está a lo que salga. Hay veces que, es más, hay veces que es menos, pero hay que estar al pie del cañón”, expresó.

Más allá del aspecto económico, también está el factor familiar. El conductor reconoció que su esposa y su hija le pidieron que no trabajara este día.

“Ellas sí se preocupan mucho. Uno se siente bien, pero ellos no saben cómo anda uno”, dijo.

Respecto a los trayectos considerados de mayor riesgo, señaló que cada operador toma sus propias decisiones. En su caso, evitaría viajes hacia el sur, rumbo a Guadalajara por la vía corta.

“Yo en lo particular no iría. Pero cada quien ya sabe los riesgos y decide según su necesidad”, afirmó. La escena en el Centro Histórico, con calles menos concurridas y comercios cerrados, re􀃀ejó el efecto inmediato que los acontecimientos externos pueden tener en la vida cotidiana de la ciudad.

Por ahora, la expectativa entre trabajadores del volante y comerciantes es que la situación no se prolongue más allá de estos días y que el movimiento habitual regrese en el transcurso de la semana.