Cientos de Fieles se Congregan en el Centro Histórico

Por Nallely de León Montellano

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La parroquia de Santo Domingo, como cada año, realizó el viacrucis viviente (Foto: Rocío Castro Alvarado)

Entre el silencio que acompaña la fe y el respeto que impone cada escena, cientos de personas se congregaron este Viernes Santo en el Centro Histórico de Zacatecas para presenciar y acompañar el viacrucis viviente organizado por la parroquia de Santo Domingo, una de las expresiones más arraigadas de la Semana Santa en la capital.

Desde antes del mediodía, familias completas, personas adultas mayores, niñas, niños y visitantes comenzaron a ocupar banquetas, escalinatas y espacios a lo largo del primer cuadro de la ciudad. Algunas personas llevaban sombrillas para cubrirse del sol, otras buscaban sombra en los portales, pero la mayoría permanecía atenta, a la espera del inicio de la representación. El viacrucis partió del atrio del templo de Santo Domingo, donde se escenificó el juicio ante Poncio Pilatos, marcando el inicio de un recorrido que año con año transforma el ritmo del Centro Histórico.

A partir de ahí, la representación avanzó por calles como Fernando Villalpando, avenida Juárez, avenida Hidalgo y Juan de Tolosa, en medio de una multitud que no sólo observa, sino que acompaña.

Durante el trayecto, el bullicio cotidiano dio paso a un ambiente de recogimiento. El tránsito vehicular se detuvo y las conversaciones se hicieron más breves. En su lugar, se escuchaban oraciones, indicaciones entre los organizadores y el sonido de los pasos sobre la piedra. Muchas personas seguían el recorrido completo, mientras otras se integraban en distintos puntos. La representación reunió a decenas de actores en escena, además de quienes participan como parte del pueblo.

Sin embargo, detrás de cada personaje hay meses de preparación. Los ensayos comienzan desde el inicio de la Cuaresma y no se limitan a lo escénico: implican también una preparación física, emocional y espiritual. Quienes participan coinciden en que no se trata sólo de actuar, sino de entender el significado de cada momento.

La carga de la cruz, las caídas, los encuentros y la crucifixión no se representan como un espectáculo, sino como un acto de fe que se comparte con la comunidad.

Manuel Alejandro Cervantes Bañuelos, quien desde hace seis años forma parte de esta tradición, interpreta a Longino, el soldado que hiere a Jesús durante la crucifixión y que, según la tradición, se arrepiente tras el acto. Explicó que su participación tiene un sentido personal: “Es una manera de agradecerle a Dios. Yo siempre le pido por mi familia, por mis amigos, por todos, incluso por quienes no están cerca”, expresó.

Con voz entrecortada, reconoció que su papel implica un reto emocional importante.

“Nos piden que no nos detengamos en las escenas, que seamos firmes, pero sí cuesta. Es difícil porque sabes lo que representa. Ya cuando termina todo, uno pide perdón, porque entiende que es una forma de recordar, de no olvidarnos”, dijo.

A lo largo del recorrido, cada estación del viacrucis fue seguida con atención.

Algunas personas se persignaban, otras rezaban en voz baja y algunas más permanecían en silencio. En varios puntos, comerciantes y vecinos también se sumaron, observando desde sus espacios el paso de la representación. El trayecto concluyó en la zona donde tradicionalmente se realiza la crucifixión, en un ambiente aún más solemne. Ahí, el silencio fue casi total.

No hubo aplausos, como parte del respeto que implica la representación de la muerte de Jesucristo. Sólo algunas oraciones y personas que permanecieron en el lugar unos minutos más, en recogimiento. Al finalizar, los actores se reunieron brevemente para agradecer.

No hubo celebraciones ni discursos, sólo un cierre sencillo que forma parte de la misma lógica de la representación. Después, cada quien se retiró con su familia, mientras el Centro Histórico comenzaba poco a poco a recuperar su movimiento habitual. El viacrucis viviente no sólo es una representación religiosa, también es una práctica comunitaria que involucra a distintas generaciones.

Hay quienes participan desde hace años y quienes se integran por primera vez, pero también están quienes acuden cada año como espectadores, manteniendo viva la tradición desde el acompañamiento.

En Zacatecas, esta expresión de fe se sostiene tanto por la organización de quienes la preparan como por la respuesta de la gente. Es una escena que se repite cada año, pero que nunca es igual, porque en cada edición se suman nuevas historias, nuevas personas y nuevas formas de vivirla. A pesar de que muchas tradiciones se transforman o dejan de realizarse, el viacrucis de Santo Domingo continúa convocando a la gente. Año con año, las calles del Centro Histórico se llenan de personas que acompañan, observan o participan, manteniendo viva una práctica que forma parte de la vida comunitaria durante la Semana Santa.