“La Resurrección de Jesús Proclama la paz”
Por Gabriel Rodríguez

El obispo de la Diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló (Foto: Rocío Castro Alvarado)
Al celebrar el segundo domingo de Pascua en Catedral, el obispo de la Diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló, llamó a los feligreses a meditar en los tiempos actuales, que se caracterizan “por una profunda violencia cuando la Resurrección de Jesús proclama la paz”.
Noriega Barceló aludió durante su homilía a la Resurrección de Jesús, quien se hizo presente ante sus discípulos indicándoles que “la paz sea con ustedes”, luego de lo cual les sopló y les hizo entrega del espíritu santo para el perdón de los pecados.
Jesús se presentó de nuevo entre ellos, en medio de las dudas de Tomás, quien habría tocado sus estigmas ante la incredulidad de todos, “pues dichosos serán aquellos que crean sin haber visto”, le respondió Jesús al discípulo. El purpurado añadió que la paz solamente puede proceder del señor resucitado, “que no es aquella relacionada con las armas o que proceda de fuera o que alguien más nos pueda dar”.
A eso añadió que la fe de Tomás, luego de dudar ante su maestro, le permite confesar haber visto al señor resucitado, lo mismo que hizo María, pues en ambos casos se trata de algo que “no se ve con estos ojos sino con los del corazón de la fe”.
“Ocho días después el señor se presenta ante los suyos, todavía asustados y encerrados, llenos de miedo, para que reciban al Espíritu Santo y por lo cual les encomienda la misión del perdón”.
Indicó que el perdón es decisivo, tan importante para lograr la paz, “pues a quienes les perdonen los pecados, éstos les serán perdonados y a quienes no, no les serán perdonados”.
Los primeros discípulos, relató, “fueron anunciando el Evangelio más que con palabras con el testimonio alegre de sus vidas a partir de la perseverancia en la escucha, en la formación y la enseñanza de los apóstoles para experimentar la palabra de su maestro como un espíritu eterno y para que la paz del Mesías fuera irradiada a todos los demás seres humanos”.
Aludió a la formación de esos discípulos y destacó que en ese momento “todos se ayudaban mediante el tiempo para la enseñanza y a partir de la eucaristía o el acto de compartir juntos el pan para sentarse a escuchar, compartir la ofrenda y socorrer a los más necesitados.
“Por eso decimos: señor, ten piedad de mí, porque a pesar de nuestras fragilidades, el señor sigue adelante, presente en este enorme tiempo de Pascua, por lo que debemos agradecer a Dios para que nos dé su bendición por todo lo que somos y hemos recibido”.
Para concluir, destacó que ese tipo de vivencias deben ir al prójimo por medio del amor, por lo que “la eucaristía es el gran alimento de la alegría, pues la Resurrección de Jesús es la garantía de que luchar en la vida vale la pena, porque el amor debe tener siempre buen nal, que es lo que nos da alegría en sí misma”.
