Esa Cantina “era un Deleite”: Tomás López Monreal
Por Gabriel Rodríguez

Tomás López Monreal, en entrevista con Página 24 (Foto: Diana Moreno Valtierra)
Tomás López Monreal prepara una exposición fotográfica que este mes de mayo será abierta en la capital del estado con motivo de haber recopilado diversas impresiones analógicas, 40 en total, relacionadas con la cantina El Gallito, un centro de convivencia social en el centro de la ciudad, cuya vida activa concluyó en 1991.
Tomasito, como también es conocido, dijo que dicha cantina fue la última tradicional de Zacatecas y estaba ubicada a un costado del mercado El Laberinto, “donde yo tomé decenas de fotografías sólo para dejar una constancia gráfica del interior del inmueble”.
El Gallito, indicó el artista de la lente, “tenía una barra, una contrabarra, llevaba varios cantineros y se plagaba de músicos locales donde podía uno disfrutar una cantidad de canciones populares de todos los tiempos”.
El fotógrafo tomó visiones desde distintos ángulos por lo que documentó a placer a personas de todos los niveles económicos, desde sujetos de escasos recursos, académicos y otros.
“La cantina tenía a la entrada la leyenda de que se prohibía el ingreso a vendedores ambulantes, mujeres y personal uniformado, pero aun así entraban al establecimiento damas mediante permiso previo de los cantineros”.
La serie de El Gallito está compuesta por cientos de tomas analógicas que él mismo digitalizó en blanco y negro.
Tomás recuerda a diversos personajes que navegaban entre los humos del tabaco, sin faltar las discusiones que tendían a encenderse, los tragos que ahí se servían, las charlas filosóficas, los hombres que lloraban sus decepciones amorosas y muchos otros.
El Gallito cerró en 1991, pero llevaba medio siglo funcionando hacia atrás cuando a sus últimos dueños les prometieron que iban a reparar los techos, luego de lo cual “ya no los dejaron volver”.
El creador recuerda que el último dueño fue un señor llamado Iturriaga, pero no recuerda mucho de los propietarios anteriores. La exposición será montada el próximo mes de mayo en la cantina galería Acá las 15 de Aníbal, frente al actual Museo Zacatecano, en doctor Ignacio Hierro, en el centro de la ciudad.
“El Gallito era un deleite, porque ahí uno podía platicar a toda madre, se saboreaba uno los tragos, uno tras otro, la música era deleitosa y era una convivencia mágica con muchos de aquellos personajes que ya desaparecieron como fantasmas del espectro de esta ciudad”.
Algo que le encanta a Tomás de ese pasado inmediato es que “El Gallito era como una academia, en la cual todos respetábamos cualquier ideología”, rememoró.
“Era tan grato estar ahí, beber, escuchar boleros pasados de moda, mirar los rostros de los parroquianos, escucharlos hablar, no como ahora que todo es punchis-punchis y todo mundo grita hasta desgañitarse, pero nadie se entiende”.
A Zacatecas hasta eso le han cambiado, hoy la música es violenta, agresiva, nadie se escucha, mientras que “El Gallito era como un centro religioso donde escuchabas las penas y las alegrías de los demás”.
