Pese a Detractores Desde el Propio Gobierno
Por Gabriel Rodríguez

La Orquesta de Cámara del estado pudo sacar adelante la interpretación de tres obras de distintos periodos y nacionalidades de la cultura musical de los siglos XIX y XX (Foto: Cortesía)
El pasado sábado por la noche y pese a todos los desplantes que tiene el gobierno de Zacatecas con la “música clásica”, la Orquesta de Cámara del estado pudo sacar adelante la interpretación de tres obras de distintos periodos y nacionalidades de la cultura musical de los siglos XIX y XX.
Una vez más estuvo a dirigir la agrupación cameral zacatecana el maestro Jorge Armando Casanova, mientras que en la parte solista destacó la presencia del violinista Cuauhtémoc Rivera.
En el teatro Fernando Calderón, la agrupación cameral de la entidad, donde los radiópatas oficiales decían que “hubo lleno total”, la OCEZ abrió boca con una de las piezas musicales más reconocidas del talento operístico del músico bel cantista, para el caso de La gazza ladra (La urraca ladrona), Giocchino Rossini.
Esta partitura que en México se reconoce más por la película La naranja mecánica (1971) de Stanley Kubrick, que por sus esceni ficaciones teatrales, ¿cabría preguntarnos si de entonces a la fecha se la ha representado alguna vez en México? Abro pregunta, abrió la velada con el gusto de apreciarla.
Lo curioso de dicha obertura es la delicia de la trama posterior dentro de un género, como el cómico que el Cisne de Pesaro dominaba en su totalidad: Una criada es acusada en la casa de una familia noble de haber sustraído de la cocina una cuchara de la plata.
Rossini teje una trama plena de acrobacias vocales en las cuales se desahoga de manera cómica el asunto hasta que, al final, cruza el escenario una urraca con la cuchara de plata en el pico y la arroja sobre los participantes.
Contrario a esa propuesta, en su Naranja Mecánica, Kubrick elabora una serie de discursos más sofisticados y complejos para los cuales recurre a los crescendos de la obertura con el fin de presentar con la mayor crudeza la intensidad de sus tomas.
La siguiente pieza en el orden del programa fue el Concierto para violín del compositor armenio Aram Khachaturian, que interpretó con lujo de sensibilidad el maestro Cuauhtémoc Rivera, destacando en especial aquellos pasajes relacionados con los giros rítmicos y melódicos de las tierras georgianas y armenias de las que el autor aprendió su esencia folclórica.
La OCEZ concluyó el programa con la “interpretación” de La noche de los mayas (1939) del compositor duranguense Silvestre Revueltas que fue la música de la película del mismo nombre protagonizada por Stela Inda y dirigida por Chano Urueta, que luego fue arreglada para versión orquestal por José Ives Limantour, quien la estrenó en concierto con la entonces Filarmónica de Guadalajara en 1960.
El maestro invitado a dirigir este concierto fue Jorge Armando Casanova, quien hace más de un año estuvo aquí, diciembre de 2024, a dirigir la Novena de Beethoven y quien pidió, además, “cuidar a la OCEZ”.
Aunque sólo él sabe porqué lo dijo, creo entender que la OCEZ no es necesariamente un organismo musical del aprecio del gobierno estatal, empeñado más que nada en ofrecer conciertos masivos que en cultivar al público de Zacatecas en la música de concierto.
Además, mientras ocurre el intermedio, en la emisora estatal se cruza el anuncio de una cantante popular para referir que “le encanta beber” porque de esa manera purga sus lamentos pasionales en reconocido bar zacatecano.
Para concluir, habría que educar a los locutores de Sizart; el encore ofrecido por Rivera fue la “Gavote en Rondeau” de la Partita número 3 en mi mayor BWV 1006 de Johann Sebastian Bach, el que mínimo pudieron enviar a alguien para que el solista les diera el título.
