Por Adrián Gerardo Rodríguez Sánchez

Salvador Alvarado (Foto: INHERM)
EL PRÓXIMO 10 de junio se cumple el aniversario luctuoso del general Salvador Alvarado Rubio, revolucionario nacido Culiacán, Sinaloa, y asesinado en 1924 en Palenque, Chiapas, tratando de huir después de apoyar la rebelión del general Adolfo de la Huerta contra la mancuerna de los sonorenses Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, por diferencias en la sucesión presidencial.
COMO MUCHOS otros personajes, Salvador Alvarado fue devorado por la propia Revolución que él mismo animó a desatar. Lo recordamos ahora en estas páginas, porque su obra ha dejado un legado brillante, acorde con las tendencias de justicia social en boga en aquel momento de México.
HAY MÁS dudas que certezas de la infancia de Salvador y su familia. Sin embargo, se sabe que se unió al Partido Liberal Mexicano y apoyó la huelga de Cananea en 1906. Posteriormente, se sumó al Partido Antirreeleccionista de Francisco I. Madero en 1910. Ante el golpe militar de Huerta, decide apoyar la Revolución Constitucionalista que encabezó Venustiano Carranza.
LAS IDEAS de Salvador Alvarado sobre lo que necesitaba el país nacido de la Revolución, lo plasmó en su obra La reconstrucción de México. Un mensaje a los pueblos de América, escrita en Estados Unidos en 1919. En esta obra se revela una visión integral para la modernización de México, con puntos claves: soberanía económica, reforma social educativa, derechos de la mujer, reestructuración del Estado para evitar el caudillismo y la corrupción.
DICHA OBRA se basaba en gran parte en su experiencia como gobernador militar de Yucatán, entre 1915 y 1917. En su gestión fundó escuelas para formar maestros indígenas, fomentó una corriente pedagógica científica, lejos del ámbito religioso; financió el primer Congreso Educativo en Yucatán y fundó bibliotecas populares.
ADEMÁS, ALVARADO decretó el fin de la esclavitud en las haciendas henequeras, estableció la jornada de 8 horas, otorgó un seguro de accidentes al trabajador e instaló una sede Casa del Obrero Mundial. En el ámbito de la mujer, el sinaloense organizó el Primer Congreso Feminista en la historia de nuestro país, en 1916; de ahí se derivaron iniciativas para fomentar el voto femenino y crear leyes que dieran mayor libertad a la mujer en el matrimonio y el divorcio.
FUE TANTO el entusiasmo que creó el gobierno de Salvador Alvarado, que en 1915 un revolucionario nacido en Motul, que estaba en Morelos apoyando los ideales agraristas de Emiliano Zapata, regresó a Yucatán: su nombre era Felipe Carrillo Puerto. Junto con él, Alvarado creó la Comisión Agraria para iniciar el reparto de tierras en la península. Antes de retirarse de Yucatán (por órdenes de Carranza para hacerlo desistir de sus aspiraciones a la presidencia de la República), Alvarado realizó un acto decisivo: apoyó a Carrillo Puerto a la presidencia del Partido Socialista Obrero de Yucatán.
LA OBRA de Salvador Alvarado vive en el México actual, en quienes buscan la justicia social. A mí personalmente me impresionan las siguientes líneas de su obra, vertidas en su libro La reconstrucción de México:
“EL IDEAL de la Revolución, el ideal de los hombres honrados, es que la justicia sea expedita, igual para todos, y que haga honor a los que la administran. Que no haya preferencias, ni particularidades, ni odios”.
