Transformó la Adversidad en Servicio
Por Gabriel Rodríguez Piña

Fue hace casi dos décadas cuando el bombero Daniel Flores sufrió un accidente que lo llevó, desde entonces, al uso de una prótesis que debe llevar todos los días, “pero no importa, porque he aprendido a transformar mi adversidad en servicio a los demás” (Foto: Diana Moreno Valtierra)
El rescatista Daniel Flores realiza labores de rescate como bombero desde hace nueve años a pesar de carecer de una de sus extremidades inferiores hecho que, lejos de limitarlo, lo ha impulsado para salir adelante.
Fue hace casi dos décadas cuando el bombero Flores sufrió un accidente que lo llevó, desde entonces, al uso de una prótesis que debe llevar todos los días, “pero no importa, porque he aprendido a transformar mi adversidad en servicio a los demás”.
Flores se dijo convencido de que es a partir de esa solidaridad cívica como “he aprendido cada día más de todos aquellos que, al transitar por distintos tipos de desgracias, me han enseñado la paz y el agradecimiento”, reveló.
En el marco del Día Internacional del Bombero, evento que se realizó en Guadalupe y en el que participaron y fueron reconocidos integrantes de Protección Civil (PC) de esa localidad, Daniel añadió que más allá de recordar su situación real durante casi dos décadas ha elegido “ser agradecido con Dios e intentar salvar a otros”.
“He estado en todo, algunos eventos más graves que otros, pero he estado en incendios como el ocurrido hace años en la Bodeguita de avenida Colegio Militar, en cerros, volcaduras, accidentes automovilísticos, rescate de animales y más”.
Flores es de esas personas que tienen la mentalidad de que la discapacidad es más que nada mental, “debido a que el cerebro intenta muchas veces engañarnos trazándonos lo que cree deben ser nuestros propios límites en los que yo, por lo menos no tengo problemas para avanzar”.
Explicó que en muchas ocasiones ve venir el problema, pero una vez que lo tiene calculado, “resulta que al momento de la acción, nada se me dificulta”, indicó el padre de una adorada pequeña de ocho años.
“A mi hija creo que va a ser rescatista, pero quizás mi mayor felicidad es que aquí en PC me llevo bien con todos desde hace nueve años”.
Por supuesto que no siempre le resulta fácil, debido a que hay riesgos, lo que significa que todo servicio da mucho qué aprender, “sobre todo cuando todos resultan muertos”, admitió.
Gas, fuegos, vientos, derrumbes no le dicen ya mucho, “porque para mí no hay sino una curva eterna de aprendizaje, sobre todo cuando sacamos con vida de las volcaduras de autos a las personas o de los incendios a los que ayudamos en equipo.
“He salvado a muchas personas y vi morir a decenas, no los puedo contar, pero aun así, soy feliz con lo que hago; recomiendo a las personas que no se distraigan, que sean consciente de lo que hacen en sus vidas diarias todo el tiempo, toda la vida, un accidente los puede transformar para bien o para mal”, pidió.
