Perdón no Debe ser Condicionado, Señala
Por Nallely de León Montellano

El obispo de la Diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló (Foto: Rocío Castro Alvarado)
“No te vayas a morir enojado”, fue parte de la reflexión que este domingo hizo el obispo de la Diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló, al hablar sobre el perdón y las heridas que, dijo, pueden quedarse abiertas dentro de las familias y las comunidades.
Durante la celebración eucarística de este 13 de septiembre, el obispo retomó el pasaje del Evangelio en el que Pedro pregunta a Jesús cuántas veces debe perdonar a quien lo ofende. La respuesta, explicó, no establece un número como límite, sino que plantea la necesidad de aprender a perdonar sin llevar una cuenta de las veces que se ha hecho.
Noriega Barceló señaló que los conflictos forman parte de la convivencia y que en las familias, comunidades y distintos espacios de la sociedad pueden surgir heridas provocadas por el desamor, las diferencias o las ofensas.
El problema, advirtió, aparece cuando esas heridas se convierten en rencor y después en odio.
“El rencor es como si tuvieras veneno en tu corazón, como si vivieras envenenado”, expresó.
A partir de la parábola del servidor que recibió el perdón de una deuda que no podía pagar y que después se negó a perdonar una deuda mucho menor, el obispo planteó que las personas suelen pedir comprensión para sus propios errores, pero no siempre están dispuestas a ofrecerla a los demás.
Dijo que el perdón, desde la enseñanza cristiana, no puede convertirse en una negociación ni depender de cuánto considera cada persona que merece ser perdonada.
“El perdón brota del amor y del amor de Dios”, sostuvo.
Perdonar no Significa Mantener Abierta la Herida
Durante su reflexión, el obispo cuestionó también una expresión que suele utilizarse cuando alguien afirma haber perdonado: “Te perdono, pero no olvido”.
Explicó que mantener constantemente presente la ofensa puede significar que la herida continúa abierta y que el resentimiento sigue teniendo un lugar en la relación.
“No soy yo la medida del amor”, señaló al insistir en que el perdón no debe estar condicionado únicamente por lo que cada persona considera justo o suficiente.
Para Noriega Barceló, reconocer que también se han cometido errores y que se ha recibido el perdón de otros es parte del proceso para poder perdonar.
“Nosotros somos perdonados por Dios y a veces nosotros no queremos perdonar a los demás”, reflexionó.
También llamó a no esperar a que una persona llegue al final de su vida cargando enojo o resentimiento.
“Muere no solamente arrepentido, muere perdonado y perdonando”, expresó.
Y planteó una pregunta que, dijo, vale la pena hacerse ante la vida y la muerte: “Al fin de cuentas, ¿qué nos vamos a llevar? Solamente el amor”.
Recuerda Peregrinación a Guadalupe
Durante la misa, el obispo también habló de la peregrinación anual de la Diócesis de Zacatecas a la Basílica de Guadalupe, realizada este sábado 12 de septiembre.
Recordó que esta tradición tiene 141 años y que Zacatecas comenzó a peregrinar a la Basílica desde 1885.
De acuerdo con Noriega Barceló, alrededor de 10 mil personas participaron este año en la peregrinación, aunque destacó que fueron muchas más las que estuvieron presentes de otra manera, desde sus casas, trabajos, escuelas y comunidades.
“Los tuve muy presentes en la Basílica de Guadalupe”, dijo.
Explicó que para muchas personas la peregrinación representa una oportunidad para agradecer, pedir por sus propias necesidades y también por las de otras personas, pero sobre todo para encontrarse y sentirse parte de una comunidad.
“En el fondo es hacer comunidad, hacer la familia de los hijos de Dios”, expresó.
El obispo relacionó además esta idea con las lecturas de los últimos domingos, particularmente con el capítulo 18 del Evangelio de San Mateo, donde se abordan situaciones que pueden presentarse dentro de las comunidades, como los conflictos, la corrección fraterna y ahora el perdón.
Señaló que ninguna familia ni comunidad está exenta de diferencias, pero que la manera de enfrentarlas puede determinar si una herida termina dividiendo o si existe la posibilidad de reconstruir la relación.
En ese sentido, insistió en que perdonar no significa negar el daño ocurrido, sino evitar que el rencor termine convirtiéndose en una carga permanente.
La reflexión dominical concluyó con una invitación a revisar las relaciones personales y a no esperar demasiado tiempo para resolver aquello que mantiene a las personas enfrentadas.
Porque, como resumió el propio obispo al cerrar su mensaje, al final de la vida, lo único que permanece es el amor.
