Por Inder Bugarin

Bruselas, Bélgica (El Universal).- Desde que las familias ubicadas en el centro de la política le abrieron las puertas a los ultras hace un cuarto de siglo en Austria, las fuerzas de extrema derecha no han dejado de avanzar por toda Europa.

Las agrupaciones fundadas por radicales de derecha, algunos de doctrina neonazi, debutaron en lo alto de las esferas del poder de la Unión Europea (UE) tras la victoria en las elecciones generales de 1999 del Partido de la Libertad de Austria (FÖP), entonces encabezado por el carismático Jörg Haider, y el pacto de gobierno alcanzado con el Partido Popular, de ideología demócrata cristiana.

La resignación del resto de los socios de la UE al triunfo de los extremistas austriacos demostró que estaban dispuestos a compartir con ellos el poder a pesar de los peligros para la democracia, las libertades y el modelo de integración europeo. Como resultado de aquel gesto democrático, en el que hay espacio para todos, independientemente de los trucos y engaños empleados para hacerse del apoyo ciudadano, en la actualidad seis de los 27 Estados miembros de la Unión Europea cuentan con un partido de extrema derecha en el gobierno o gabinete nacional.

En Croacia, la extrema derecha, agrupada en Movimiento de la Patria (DP), entró en el Ejecutivo por vez primera en la historia del país luego de que el conservador Unión Democrática (HDZ) pactó con ellos para mantenerse en el poder tras las legislativas de 2024.

El multimillonario Andrej Babis juró su cargo como primer ministro de la República Checa a finales de 2025 al formar un gobierno de coalición con dos agrupaciones de ultraderecha, Libertad y Democracia Directa (SDP) y Automovilistas por Sí Mismos.

El Partido de los Finlandeses dio origen al Ejecutivo más derechista de la historia del país escandinavo en 2023 al sumarse al gobierno de Petteri Orpo, presidente del Partido de Coalición Nacional.

En mayo pasado arrancó en Letonia un nuevo gobierno, formado por cuatro partidos, incluyendo Alianza Nacional de posiciones radicales; en Eslovaquia, los ultranacionalistas del Partido Nacionalista Eslovaco (SNS) forman parte de un Ejecutivo tripartita activo desde 2023, bajo el liderazgo del populista Robert Fico.

En Italia están en Palacio Chigi desde 2022, con el arribo de Giorgia Meloni a la presidencia del Consejo de Ministros. Meloni dirige el partido Hermanos de Italia, con raíces neofascistas.

En Bélgica, la Nueva Alianza Flamenca del premier Bart De Wever no llega a los extremos xenófobos de Interés Flamenco, pero los cimientos del partido están basados en el separatismo, el euroescepticismo y la discriminación de quienes no hablan neerlandés en la región de Flandes, que junto con Valonia y Bruselas conforman Bélgica.

Jean Luis De Bouwer, investigador del Instituto Real de Relaciones Internacionales Egmont, dice a El Universal que los ultras han entendido, hasta ahora, que para permanecer en el cargo deben jugar conforme a las reglas impuestas por la democracia europea y, por tanto, moderar sus posiciones.

Pone como sólidos ejemplos a Meloni y De Wever, cuyas posturas políticas no tienen semejanza con las expresadas cuando eran aspirantes al poder. Terminaron convirtiéndose en actores políticos moderados leales a Europa, sus normas y la defensa de Ucrania. Sin embargo, la normalización del discurso de la extrema derecha, inspirado en el odio, la discriminación y la segregación, no está exenta de riesgos.

“El riesgo a largo plazo más insidioso es el lento desplazamiento de los partidos tradicionales hacia posiciones de extrema derecha, identificado por los investigadores del Parlamento Europeo como la ‘cuarta fase’, que actualmente observamos en Rumania”, sostiene un análisis elaborado por Marianna Prysiazhniuk, de la Fundación Konrad-Adenauer, en el que analiza los riesgos de las fuerzas de extrema derecha y populistas en Europa para la estabilidad regional e implicaciones para Ucrania.

En términos prácticos, significa la penetración de la retórica radical en los programas de los partidos conservadores de centro y liberales; el discurso extremo llega a disfrazarse de pragmatismo y resulta difícil refutarlo frontalmente. El proceso también puede conducir a la aparición de un personaje aún más extremista.

Meloni transita por el último año de su mandato y muy probablemente convocará a elecciones para abril entrante. Todo indica que su principal rival no vendrá de las fuerzas de centro izquierda, sino de un flanco aún más a la derecha. Se trata del antiguo general y agregado militar en Moscú, Roberto Vannacci, quien saltó a la arena pública en 2023 con el libro Il mondo al contrario (El mundo al revés), un panfleto dirigido a un público ultraconservador, plagado de ideología racista, homófoba y antifeminista.

Luego de ser suspendido por 11 meses por el Ministerio de Defensa y de romper con Matteo Salvini, quien lo arropó en las filas de la Liga, creó su propio partido, Futuro Nacional.

Después de su lanzamiento, la agrupación obtuvo 8% de las preferencias electorales, colocándose entre las principales agrupaciones de la esquina más derechista y como contendiente a formar una nueva coalición de gobierno.

Retorna el Fantasma Alemán

Entre las múltiples preocupaciones generadas por la evolución política vista en Europa en las últimas décadas, destaca una en particular: Alemania le está perdiendo el miedo a la extrema derecha.

Alternativa para Alemania (AfD) protagonizó una jornada electoral histórica durante las elecciones celebradas en la región oriental de Sajonia-Anhalt.

La formación de ideología neonazi, opositora a los migrantes y simpatizante de Rusia, no sólo asestó un duro golpe a los conservadores de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), que gobiernan la región y también llevan el mando del gobierno nacional bajo el liderazgo del canciller Friedrich Merz; logró que la extrema derecha ganara en una región de Alemania por primera vez desde 1945.

El resultado conmocionó a toda Europa. “La extrema derecha alcanza 44% en el estado de Sajonia-Anhalt, que fue el primero en elegir a un ministro-presidente nazi en 1932: esto ya no es una advertencia. Es una orden a la movilización general”, escribió en sus redes sociales el líder de los socialistas franceses, Olivier Faure.

Para el politólogo de la Universidad Goethe de Fráncfort, la CDU cometió el error de manejar, entre 2021 y 2024, un discurso semejante al del AfD en ámbitos como la migración y el clima, lo cual terminó normalizando a los extremistas. También el AfD supo aprovechar el vacío que dejaron las fuerzas centristas por su incapacidad de convencer a la ciudadanía de que, para afrontar desafíos complejos, en ocasiones hay que aceptar decisiones dolorosas.

En Europa inquieta el avance de AfD porque la fracción es tan extremista, que incluso el partido de la radical candidata a la presidencia francesa, Marine Le Pen, toma distancia.

Además, por el peligro que implica que escalen hasta la Cancillería. Alemania es la nación más grande de Europa occidental, que tras dos derrotas militares, se reconcilió integrando su Ejército en la OTAN y su economía en la Unión Europea.

Una Alemania que no presta atención al resto de Europa, y que usa su poderosa industria armamentista para desplazar a los competidores europeos en el mercado, marcaría el fin del proyecto Europeo. Alemania sufre de una crisis de identidad causada por el fin del dominio político, económico y militar estadounidense en el Viejo Continente. El avance de AfD llega en un momento en que hay un vacío de poder en Europa y Alemania está en proceso de llenar la vacante. De aquí a 2029 gastará más en defensa que Francia y el Reino Unido juntos.

Como acertadamente dijo el primer Secretario General de la OTAN, Brit Lord, para garantizar la estabilidad y seguridad de Europa, objetivo que inspiró la creación de la Alianza Atlántica, hay que “mantener a los rusos afuera, a los americanos dentro, y a los alemanes debajo”.