Implica una Disposición Personal al Cambio, Advierte

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La vida también se celebra compartiendo, invitando y abriendo las puertas a los demás. Ese fue uno de los mensajes que el obispo de la Diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló, dirigió a los fieles durante la misa dominical de este 11 de octubre.

En su homilía, el prelado retomó la imagen de un banquete para reflexionar sobre la invitación de Jesús, que –explicó– no distingue entre personas buenas o malas, sino que ofrece a todos la posibilidad de acercarse, cambiar y encontrar un camino de conversión.

Como ejemplo de esa disposición a compartir, recordó la tradición zacatecana de las reliquias, en las que se prepara comida para recibir a quienes lleguen, sin que necesariamente exista una invitación individual.

Noriega Barceló señaló que esta costumbre representa una forma de convivencia comunitaria que aún se conserva en algunas localidades y que transmite la idea de que la vida también está hecha para compartirse.

El obispo contrastó estas prácticas con los cambios en la vida urbana, donde las celebraciones suelen organizarse para un número limitado de personas. Sin embargo, sostuvo que permanece el sentido de reunirse y compartir los momentos importantes.

A partir de los pasajes bíblicos del banquete, explicó que la invitación de Dios está abierta a todos, pero implica también una disposición personal al cambio. En su reflexión, señaló que quienes forman parte del reino de Dios son personas que reconocieron sus errores y aceptaron transformarse.

También vinculó esa imagen con la Eucaristía, a la que describió como una celebración que acompaña los momentos significativos de la vida, desde el bautismo y la primera comunión hasta el matrimonio y la muerte.

Al concluir, invitó a los fieles a no dejar pasar esa convocatoria y a llevar el mensaje a su vida cotidiana, de manera que la fe no se limite a las ceremonias religiosas, sino que se refleje en la convivencia y en la disposición de compartir con los demás.