Por Manuel Gil Antón

El 7 de octubre, en el blog Distancia por tiempos —dedicado a la educación— de la “Revista Nexos”, Héctor Martínez del Razo publicó un artículo importante en torno al financiamiento a la educación, y a la superior en particular. Tomo de su texto algunos datos, a mi entender relevantes, pero no implico al autor en lo que yo comente: de eso me hago cargo, pero es necesario reconocer a la fuente y la agradezco.

Se sabe que, en materia de asignación de recursos públicos, la colocación de montos diferenciados entre distintas entidades es una buena pista para inferir las prioridades de un gobierno, es decir, lo que más le interesa impulsar. Cabe la posibilidad, es cierto, que una diferencia a favor de una institución pueda estar orientada a compensar olvidos o rezagos previos, pero aún en ese caso, se procura atender a ella cuando antes no se hizo.

No es una pista perfecta, pero, así como dicen los expertos en materia de seguridad y combate al crimen organizado: sigue el dinero, podemos, a través de las asignaciones variables del presupuesto público, advertir preferencias o imaginar la racionalidad de tal diversidad.

Veamos: al comparar 2015 y 2023, notamos que México destinó a la educación en general un monto menor: 4.4% del PIB en el primer año, y 2.9% en el segundo. En el proyecto de presupuesto para 2027 hay un cambio, ojalá indicador de una nueva tendencia: se incrementa en casi 7% con respecto a 2026, y significa el 3.2% del PIB que se estima para el 27. La superior, muestra Del Razo, “tuvo en términos reales 2.9% de aumento, que equivale a 0.61% del PIB”.

Es interesante cómo se reparten los dineros fiscales destinados a educación superior por tipo de institución. Sobresale, por su aumento proporcional, la Universidad del Ejército y Fuerza Aérea con 21.9% con respecto al año anterior; la Universidad Rosario Castellanos recibirá, de acuerdo al proyecto de presupuesto, un incremento del 46.4%; las Tecnológicas y Politécnicas 15.5%, el Tecnológico Nacional de México 6.2% y la Universidad Abierta y a distancia de México 8.0%.

Por otro lado, el Politécnico Nacional recibirá 3.7%, la UNAM 0.2% y la UAM 1.3%.

A partir de esta información, hay una tentación: tomar el valor proporcional como un indicador de preferencia: por ejemplo, la Universidad Rosario Castellanos y su 46.4%, versus la UNAM con 0.2%. Pero no hay que dejar de ver que, a pesos corrientes, la UNAM tendrá 56 mil millones y la Castellanos 1 mil 600 millones de pesos.

¿Qué es lo que ocurre? No tengo mejor forma de decirlo que la condena de los números bajos: imaginemos que el caso A tenía 2, y pasa a tener 4: su crecimiento proporcional es del 100%; el caso B tenía 1,000, y pasa a tener 1,300: su incremento proporcional es del 30%. Pero en un caso los números absolutos son 2, y en el otro 300.

Es conveniente tener ese tema en mente al analizar las cifras y los porcentajes. Sin embargo, en términos de atención a la demanda, la Rosario Castellanos tiene —cifras aproximadas— 120 mil estudiantes, y la UNAM, en el nivel licenciatura, una cifra de parecido orden.

La velocidad a la que crece la Rosario Castellanos es muy grande: en efecto, incrementa la cobertura, pero ¿en la misma proporción, si se pudiera calcular, la calidad de sus servicios? Una cosa es llegar a un pupitre o a una computadora, y otra a una experiencia educativa relevante. Este tema es crucial. Una tiene un cuerpo académico sólido, y la otra está laborando con académicos por horas en su mayoría. Muchas caras tiene este asunto. (El Universal)

mgil@colmex.mx

@ManuelGilAnton

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Profesor del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México.