Por Eduardo Andrade
El triunfo de Lula en Brasil en la segunda vuelta presidencial sirve a nuestro país porque, de otra manera, quedaría en solitario como el único gobierno democrático de izquierda en un país grande del continente, sujeto a las incómodas presiones del presidente estadounidense. La ola derechista, con claro apoyo desde la Casa Blanca, estaba a punto de arrasar totalmente en Sudamérica, donde el único gobierno de orientación socialdemócrata es el de Uruguay, encabezado por Yamandú Orsi. El cuarto gobierno -además de México, Brasil y Uruguay- que puede ubicarse en el ala izquierda democrática en América Latina es el de Guatemala, presidido por Bernardo Arévalo.
Por fortuna, el pueblo brasileño reaccionó a tiempo y dio un giro histórico en la segunda vuelta electoral, en la que, contra todos los pronósticos, Lula logró remontar para vencer a su adversario Flávio Bolsonaro, quien había ganado la primera, produciéndose por primera vez el fenómeno de que el perdedor de la primera ronda triunfa en la segunda. Esto se debió a la intensa movilización popular en las calles y, particularmente, en las redes sociales, de cuyo valor parece haberse convencido finalmente el presidente brasileño, que no mostraba gran apego a los avances tecnológicos. Algunos analistas estiman que en la voltereta tuvo también alguna influencia la actitud ofensiva que asumió Bolsonaro en el último debate, cuando dijo que Lula daba con una mano y quitaba con los “nueve dedos”, aludiendo a la afectación física que sufre su adversario, quien perdió un dedo en un accidente laboral. Lula le exigió retractarse y Bolsonaro finalmente se disculpó, pero la mala impresión tuvo impacto entre el público, cuya presencia en las urnas aumentó cerca de dos puntos porcentuales, al pasar de 78.92% en la primera vuelta a 80.78% en la segunda. Ello implicó la asistencia de tres millones más de ciudadanos a las urnas, lo cual significa, en número de electores, un incremento de 2.36%.
El triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva fue por 1.8 puntos porcentuales, con una diferencia de 2,139,645 votos. No obstante, la división del país es preocupante, y más aún el hecho de que deberá gobernar con un Congreso notoriamente inclinado a la derecha. En la Cámara de Diputados, el Partido Liberal de Bolsonaro superó a la coalición encabezada por el Partido de los Trabajadores de Lula por 121 a 88 bancas, pero, en la composición total de los 513 diputados, se estima que las alianzas derechistas alcanzan un mayor predominio. Según InfoMoney, la derecha ocupará 303 de las 513 curules; el centro, 86, y la izquierda, solo 124. En el Senado también está Lula en desventaja, ya que cuenta con 10 senadores frente a 28 del bolsonarismo en una cámara de 81 escaños; el resto se reparte entre otras formaciones, también con mayor tendencia a la derecha.
La cuarta presidencia de Lula no será fácil y requerirá complejas negociaciones para sacar adelante sus acciones gubernativas. (El Universal)
@DEduardoAndrade ORCID 0009-0002-4714-7408
Investigador de El Colegio de Veracruz y magistrado en retiro.
