Por Manuel Medina Castro

Actualmente, este espacio histórico de la ciudad apenas es visitado por algunas personas que caminan con dirección al Hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), ya que la alameda conecta con uno de los accesos del centro médico. (Foto Rocío Castro Alvarado)

Actualmente, este espacio histórico de la ciudad apenas es visitado por algunas personas que caminan con dirección al Hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), ya que la alameda conecta con uno de los accesos del centro médico (Foto: Rocío Castro Alvarado)

La Alameda J. Trinidad García de la Ca­dena, ubicada en pleno Centro Histórico de la ciudad de Zacatecas, era hasta la semana pasada un espacio de reunión a donde a diario acudían cientos de personas que aprovechaban las condiciones del lugar para sentarse por algún momento a la sombre de un árbol o bien para realizar algún tipo de ejercicio físico, así como para iniciar o concluir las tradicionales callejoneadas zacatecanas.

Esa amplia presencia de personas, era aprovechada por diversos comercios se­mifijos que ofrecían a los paseantes desde tostadas, aguas, churros, tepaches y hasta gorditas.

Actualmente, este espacio histórico de la ciudad apenas es visitado por algunas personas que caminan con dirección al Hospital del Instituto Mexicano del Se­guro Social (IMSS), ya que la alameda conecta con uno de los accesos del centro médico.

La soledad de la Alameda comenzó a percibirse desde el fin de semana pasado, cuando trabajadores de instituciones y de­pendencias gubernamentales, así como estu­diantes y maestros, que a diario transitaban por este espacio histórico, dejaron de acudir a sus trabajos y escuelas bajo la premisa de permanecer en sus hogares como medida de prevención para evitar la propagación del coronavirus.

Entre las medidas de prevención contra el Covid-19, también se cancelaron las colle­joneadas que reunían, regularmente, en la Alameda a grandes cantidades de personas para iniciar o concluir el recorrido por las principales calles y callejones del Centro Histórico, siguiendo la música del tambo­razo y el emborrachador mezcal.

Ante el aislamiento de los trabajadores gubernamentales, estudiantes y maestros, negocios de distintos giros vivieron la baja en sus ventas por lo que optaron por cerrar temporalmente sus establecimientos para unirse a la premisa de estar en el hogar.

Lo mismo sucedió con los comerciantes semifijos de la Alameda, quienes decidie­ron no instalarse ante la baja presencia de personas a quienes venderles su mercancía.

Actualmente, un único puesto semifijo sigue en pie en la Alameda Trinidad García de la Cadena, quien ante las necesidades de llevar el sustento diario a su hogar con­tinúa vendiendo las tradicionales tostadas zacatecanas.