El ser Vulnerables ha Disminuido Nuestra Arrogancia: Obispo Noriega

Por Cristo González

En su mensaje de fin de año, el obispo de la Diócesis local, Sigifredo Noriega Barceló, deseó salud de alma y cuerpo al terminar este 2020, al cual calificó como excepcional porque “nunca lo imaginamos en los buenos deseos de felicidad del mes de enero” (Foto: Archivo Página 24)

En su mensaje de fin de año, el obispo de la Diócesis local, Sigifredo Noriega Barceló, deseó salud de alma y cuerpo al terminar este 2020, al cual calificó como excepcional porque “nunca lo imaginamos en los buenos deseos de felicidad del mes de enero” (Foto: Archivo Página 24)

En su mensaje de fin de año, el obispo de la Diócesis local, Sigifredo Noriega Barceló, deseó salud de alma y cuerpo al terminar este 2020, al cual calificó como excepcional porque “nunca lo imaginamos en los buenos deseos de felicidad del mes de enero”.

“No estábamos preparados, ni prevenidos para situaciones desconocidas, sobre todo sin manifestaciones sensibles de cercanía, afecto y amistad”, indicó.

“La tormenta se ha prolongado durante todo el año. Lo que hemos vivido ha pro­vocado, entre otras reacciones y respuestas el desconcierto, postración, enojo. También solidaridad entre conocidos y desconocidos. El ser vulnerables ha disminuido nuestra arrogancia. La impotencia ante el sufrimien­to ha provocado compasión y comprensión”, destacó el monseñor.

Frente a estas lecciones, el obispo mencio­nó que “en torno a la mesa familiar y la de los amigos, quizás recitemos el brindis del bohemio. Nos encontramos con sentimientos encontrados y nostálgicos en los que intenta­mos hacer fiesta. Nos reunimos pero seguimos pensando en los que faltan”, puntualizó.

“Salimos de casa para quedarnos en casa, estamos de cuerpo presente y las alas del espíritu vuelan a espacios y tiempos que ya no son”, manifestó Noriega Barceló.

Consideró que para el creyente las som­bras y calamidades, las tinieblas y la muerte no tienen la última palabra, porque no deben marcar lo que ha sido el último año:“2020 también nos trajo muchos aprendizajes, recobramos valores fundamentales: la vida como esencia del mundo y el ser humano como eje en torno al cual tiene que girar la vida, la existencia, todos los sistemas, la historia. Nos permitió voltear a ver y valorar lo esencial y desechar lo superfluo, trivial, inútil e innecesario”.

“Pudimos darnos cuenta lo valioso que es la convivencia, el amor, la amistad, la posibilidad de convivir y expresar nuestros sentimientos de múltiples maneras y, sobre todo, con el saludo, el abrazo, el beso y la palabra directa”, apuntó el obispo.

Por todo esto el monseñor expuso la nece­sidad de pedir perdón, que “aunque hicimos nuestro mejor esfuerzo, tal vez desperdicia­mos el tiempo porque no logramos hacer el bien que queríamos. Por no querer creer y aceptar que no somos dioses; ni lo sabemos, ni podemos todo”.