Por Claudia Corichi García

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La pandemia del COVID-19 mostró cuán frágil es la humanidad (Foto: Archivo/Daniel Augusto/Cuartoscuro)

HOY TERMINA el primer cuarto del Siglo XXI. Su frenético recorrido se caracterizó por ser incierto e imprevisible. Se superaron paradigmas y sepultaron viejas inercias. Si la guerra fría y la caída del muro de Berlín marcaron el final del Siglo XX, en esta época la única constante, como observó Heráclito, es el cambio.

LA REVOLUCIÓN tecnológica y digital ha cimbrado nuestros estilos de vida y modificado radicalmente la forma de relacionarnos. A mediados de los noventa comenzamos a navegar en Internet y tres décadas después las redes sociales son determinantes en la opinión pública al grado de influir en el rumbo político de un país.

EL ATENTADO contra las Torres Gemelas en Nueva York redefinió la arquitectura de la política internacional estadounidense. Tras las invasiones de Afganistán e Irak, burlando los mandatos de la ONU, se siguen trasgrediendo las normas más elementales que rigen el derecho internacional como lo demuestran los recientes ataques a presuntas narcolanchas en el Caribe.

HOY LA economía mundial está más conectada que nunca y el comercio más enlazado. Al iniciar el milenio se popularizó un término que nos insertaba al futuro: globalización. La economía de escala significa ahora producir bienes en distintos sitios para su venta posterior. Un automóvil puede llegar a tener componentes manufacturados en más de cincuenta países, por lo menos.

EL MODELO económico dominante ha sido incapaz de distribuir la riqueza social. Se profundizan las brechas y las desigualdades. Aumenta el malestar sobre el bienestar. El premio Nobel de economía Joseph Stiglitz sostiene que el mundo atraviesa una “emergencia de desigualdad” al explicar que entre 2000 y 2024, el 1 por ciento más rico del mundo amasó el 41 por ciento de toda la nueva riqueza, mientras que solo el 1 por ciento fue a parar al 50 por ciento más pobre.

EN ESTOS 25 años la degradación medioambiental se ha acelerado de forma alarmante. El último verano fue el más caluroso en el planeta desde que se tienen registros. El incremento de las temperaturas de los océanos ha propiciado, como el vuelo de la mariposa, efectos devastadores en todos los puntos cardinales.

SEQUÍAS O huracanes extremos son fenómenos que asociamos al cambio climático. Las pérdidas humanas y los daños materiales son incuantificables y ocurren, tanto en economías avanzadas como en el sur global. Pese a la evidencia, hay quienes asumen una postura negacionista. La última Cumbre del clima cerró el camino a eliminar combustibles fósiles. Así estamos.

LA PANDEMIA del COVID-19 mostró cuán frágil es la humanidad en todos los aspectos de la vida cotidiana. Un virus de origen desconocido mató a más de 7 millones de personas en todo el mundo y dejó una imagen insólita: ciudades vacías y pueblos fantasma debido al confinamiento social durante meses. La crisis sanitaria de proporciones bíblicas nos puso ante el espejo y exhibió nuestras vulnerabilidades.

ENTRETANTO, LA igualdad de género ha cobrado un impulso notable y asumido nuevos enfoques. Las generaciones milenial reivindican sus principios y los hacen suyos. Los vientos soplan favorablemente hacia la sociedad del cuidado. En contraste, los machismos adquieren comportamientos cada vez más agresivos y métodos violentos más sofisticados.

LAS GUERRAS y la confrontación no cesan y las ideologías extremistas van al alza. El genocidio en Gaza y el conflicto bélico Rusia-Ucrania nos advierten que el futuro es desolador y deshumanizante.

@ClauCorichi