Nunca les Faltó Alimento a los Manifestantes
Por Gabriel Rodríguez

Arroz, frijoles, huevo, chicharrón, guacamole, tortas, cuernitos, panes, pollos rostizados, tortillas y café caliente, fueron parte de la ayuda que el pueblo llevó a los campesinos durante la protesta en Plaza de Armas (Foto: Rocío Castro Alvarado)
Desde el pasado viernes hasta ayer domingo, los campesinos que permanecieron en pie de lucha en favor de sus derechos por el precio del frijol fueron alimentados de manera permanente por cuadrillas de ciudadanos de la capital, organizados para llevarles de comer a todas horas sin que ninguno de ellos perteneciera a partido u organización política alguna. Contrario a lo que pudiera pensarse, durante más de 72 horas en que los productores mantuvieron su protesta en plaza de Armas, aun con todo y la realización del Festival Cultural a unos pasos, no les faltó qué comer.
Ahí, fuera de catedral, decenas fueron las mujeres que prepararon tortas, aguas, compraron panes y sirvieron café caliente para que sus agricultores tuvieran alimento que llevarse a la boca en medio de una lucha fratricida que, como muchos de ellos lo denunciaron, evidenció la baja calidad humana de los políticos del gobierno para atenderlos.
En uno de los costados se ubicó un puesto que atendió una campesina de Morelos, en el que no faltó nada y que se mantuvo avituallado de modo tal que quienes a él llegaron recibieran un poco de alimento y mucha calma para soportar las intensas horas de espera que debieron afrontar hasta que quienes dicen organizar la política interior del estado se decidieran a atenderlos. Norma Sosa Santana vino de Morelos para atender a los campesinos inconformes que llegaron en días pasados desde distintos puntos del estado para tratar de resolver sus problemas.
“Nuestros campesinos afrontan delincuencia organizada, coyotes y encima tuvieron que vérselas con estos personajes de la política zacatecana que son necios como ellos solos para tratar de resolver un conflicto que ellos mismos originaron”.
De su tienda salieron en ese momento centenares de cuernitos y panes de distinto tipo dirigidos a abarcar el último rincón de la plaza, con tal de que nadie se quedara sin bocado. En otro de los extremos, mientras los espectadores esperaban la salida, al menos ocho horas antes, de los Fabulosos Cadillacs, no faltaron los corazones buenos que hicieron llegar a los labriegos y a los periodistas paquetes completos de pollitos rostizados y tortillas calientes.
La señora Santana dijo que esa lucha llevaba tres meses, pero que las ayudas procedieron de diversos puntos del estado; “sufrimos cuando estuvimos en el bulevar, pero agradecemos a todos quienes nos dieron en gran cantidad, nos trajeron una y otra vez comida y por alimentos no paramos pues todos los zacatecanos de todo el estado nos apoyaron quitándonos la sed y el hambre”.
Y es que, en serio, ahí no les faltaron arroz, frijoles, huevo, chicharrón y guacamoles, motivo por el cual los campesinos se sintieron protegidos por todos esos seres llenos de nobleza; “ora nomás falta que estos endeviduos cumplan”, sentenció doña Norma.
