Por Adrián Gerardo Rodríguez Sánchez

Adrián Gerardo Rodríguez Sánchez
LA CULTURA yaqui, asentada en el estado de Sonora, es reconocida por conformar una de las resistencias indígenas más férreas en la historia de México. Desde la invasión española, los yaquis se opusieron con denuedo a cualquier tipo de sometimiento, y aunque misiones católicas pudieron ingresar a su territorio, los yaquis mantuvieron viva su estructura social, su autonomía de gobierno, sus tradiciones y el dominio de sus recursos naturales.
SE HA VUELTO épica la lucha del pueblo yaqui durante el porfiriato, en el que se llevó a cabo una política de Estado con el fin de exterminarlo y despojarlo de su territorio y recursos. Hay novelas y textos periodísticos que abordan la violencia y la crueldad de este periodo, en el que los yaquis eran capturados y vendidos para trabajar como esclavos en las haciendas henequeneras de Yucatán.
DURANTE LA Revolución mexicana, los yaquis se unieron al Ejército Constitucionalista, en la división del General Álvaro Obregón, con la promesa de que una vez promulgada una nueva carta magna, se les restituirían sus tierras y recursos. Sin embargo, fueron traicionados.
CON EL impulso de la reforma agraria del Presidente Lázaro Cárdenas, a la nación yaqui se le restituyeron cerca de 400,000 hectáreas, se le reconoció su territorio ancestral y sus derechos sobre el agua.
CON EL Presidente Andrés Manuel López Obrador, el pueblo yaqui tuvo un nuevo episodio de justicia social: se le reconoció como la etnia más reprimida en la historia de México, se pidió disculpas por los crímenes de Estado y el despojo de tierras y agua durante el porfiriato. Además, se restituyeron más de 45,000 hectáreas de tierra, se creó el Distrito de Riego 018 gestionado por ellos mismos y la construcción del Acueducto Yaqui.
DENTRO DE la cultura yaqui, hay un juramento que se lee a los jefes y autoridades que asumen un nuevo cargo. Este texto es el siguiente:
Para ti no habrá ya Sol,
para ti no habrá ya noche,
para ti no habrá ya muerte,
para ti no habrá ya dolor,
para ti no habrá calor,
ni sed, ni hambre, ni frío,
ni enfermedades, ni familia.
Nada podrá atemorizarte.
Todo habrá concluido para ti, excepto una cosa:
el cumplimiento de tu deber.
En el puesto que se te designe, ahí quedarás,
para la defensa de tu nación, de tu pueblo,
de tu raza, de tus costumbres y de tu religión.
¿Juras cumplir con el mandato divino?
AL LEER este texto es entendible por qué la nación yaqui ha resistido durante siglos la violencia y la represión sistemáticas. Su juramento, de manera lacónica y precisa, resume su entrega total en defensa de su territorio y costumbres. Los puestos en su autogobierno son verdaderos emblemas de disciplina: no están de adorno. Las nuevas autoridades abandonan todo, incluyendo el miedo, para servir a su nación.
CUANDO LEO estas líneas no puedo dejar de pensar en el revolucionario Robespierre, cuando escribió: “¿Qué me importa el peligro? Mi vida pertenece a la Patria; mi corazón está libre de miedo”.
