Celebra la Ascensión y Recuerda la Promesa de Jesús
Por Gabriel Rodríguez

El obispo de la Diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló (Foto: Rocío Castro Alvarado)
Durante la misa dominical, realizada en Catedral este domingo, el obispo de la Diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló celebró la ascensión del señor y pidió considerar lo que en su momento Jesús dijo a sus discípulos: “Me voy pero estaré con ustedes hasta el fin del mundo”.
Por tal motivo, el purpurado dijo que se alegraba por este mandato de Jesús, “que se sigue cumpliendo entre nosotros, por lo que en este momento podemos imaginar a Jesús sentado en su trono en plenitud de su gloria”.
Sin duda que tal hecho devela, expresó monseñor Noriega Barceló, que “Jesús ha triunfado sobre la muerte sobre el pecado y, con él, nosotros también vamos a triunfar en la vida”.
Añadió que es claro inferir que “la humanidad está hecha para la victoria, toda vez que Jesús la consiguió como parte de la primera gran enseñanza del domingo de la Ascensión del señor”.
Más adelante requirió a los feligreses levantar la cabeza y mirar muy lejos, hacia el fin de la vida pues dijo que estamos hechos para la gloria.
“Cuando alguien fallece, solemos usar la expresión de que Dios le conceda la gloria eterna, pero sabemos que hoy Cristo ha sido glorificado y sabemos también que nosotros somos glorificados con él”.
Además, pidió a todos los presentes considerar la misión que todos y cada uno de nosotros tenemos en la vida y agradeció, incluidos los padres de familia, a todos aquellos que han brindado lecciones de catecismo, pues como lo dijo Jesús, les pidió: “Vayan y enseñen, bauticen en el nombre de la Trinidad y en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.
Advirtió que, dentro de 15 días, toda la iglesia se reafirmará contemplando el significado de este padre, hijo y espíritu santo ya que bautizar significa sumergirse y entrar en el espíritu divino por lo que pidió a los fieles: “Métanse en la vida de Dios y aprendan con a él a ser amorosos y a respetar a los demás”.
De la misma manera, les solicitó comprender que Dios es Trinidad pero que, en la misma medida, Dios es amor; o, en otras palabras, “fuimos enviados a este mundo a ser amor, a ser amor para los demás”.
Luego de señalar que tal debe ser la gran tarea de todo cristiano, dijo que se quedaba con la gran enseñanza de ir por todo el mundo y ser ese fermento de amor.
“Sean esa semilla amor y conviértanse en ese aroma de Cristo, ese aroma de amor, porque esa es la misión de todos ustedes, esa es la misión de todos nosotros”.
Finalmente dijo que el ser humano solamente podrá vivir en paz cuando haya logrado llenar todo del amor de Dios.
“Lo debemos hacer pensando siempre en el bien de los demás, porque Dios es trinidad de amor pues ese amor no es para que se quede en nosotros sino para que nos convirtamos en los catequistas de amor y seamos el rostro del amor”.
