Oficios Zacatecanos Luchan por Sobrevivir
Por Nallely de León Montellano

Reparación de relojes, cada vez menos solicitada
Entre talleres silenciosos, herramientas gastadas y manos marcadas por los años, en Zacatecas sobreviven oficios que alguna vez formaron parte de la vida cotidiana y que hoy parecen caminar lentamente hacia la desaparición.
Zapateros, afiladores, herreros, reparadores de relojes y utensilios, músicos de calle y artesanos tradicionales continúan trabajando pese a la disminución de clientes, el reemplazo de productos por artículos desechables y el poco interés de nuevas generaciones en aprender estos oficios.
En el centro de la ciudad y en municipios como Fresnillo, todavía es posible encontrar pequeños talleres donde el tiempo parece avanzar distinto.
Lugares donde se sigue reparando un zapato en vez de comprar uno nuevo, donde un reloj antiguo aún puede arreglarse pieza por pieza y donde el sonido de un afilador continúa recorriendo algunas calles, o en algunos casos cuentan con un espacio en algún mercado, aunque cada vez con menos frecuencia.
Quienes han dedicado décadas a estos trabajos coinciden en que el cambio de hábitos de consumo ha golpeado directamente sus ingresos. Antes, explican, las personas reparaban objetos para extender su vida útil; hoy, la mayoría opta por reemplazarlos. A ello se suma la falta de relevo generacional. Muchos artesanos y trabajadores tradicionales aseguran que sus hijos o familiares decidieron dedicarse a otras actividades ante la inestabilidad económica que representan estos oficios.

Herramientas gastadas y manos marcadas por los años (Fotos: Rocío Castro Alvarado)
“Ya casi nadie quiere aprender esto”, es una frase que se repite entre talleres y pequeños negocios que sobreviven más por vocación y costumbre que por ganancias. En el caso de los músicos de calle, además de la disminución de apoyo económico por parte de transeúntes, enfrentan restricciones en espacios públicos y una creciente indiferencia hacia expresiones que durante años formaron parte del paisaje urbano.
Aunque algunos de estos trabajos persisten gracias a clientes habituales o al valor artesanal de su labor, muchos reconocen que viven una etapa crítica.
Más allá de la nostalgia, la desaparición de estos oficios es un reflejo de nuevas transformaciones sociales y económicas, así como el avance de la producción masiva, la tecnología, el consumo inmediato y la precarización de trabajos tradicionales que durante décadas sostuvieron a numerosas familias y en la actualidad siguen siendo parte de los ingresos de muchos hogares.
Por ello, ciudadanas y ciudadanos coinciden en que, cada taller que cierra representa no sólo la pérdida de una fuente de ingreso, sino también de conocimientos, técnicas y formas de vida transmitidas de generación en generación.
