“Seamos Humildes”

Por Gabriel Rodríguez

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El obispo de la Diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló (Foto: Rocío Castro Alvarado)

Piña El obispo de la Diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló, dijo que “Zacatecas se ve agraciado con las actuales lluvias, símbolo de un buen temporal, que nos debe llamar a todos a celebrar la vida y esperar buenas cosechas por medio de la divulgación de la palabra contenida en el Evangelio”.

El purpurado añadió que “la naturaleza es hermosa, ya que por medio de ella Dios nos habla” y añadió que la pasada semana fue una en que la Iglesia vivió momentos de enorme importancia ante el hecho de “ir a todas las partes del mundo y atender las diversas situaciones de la vida”.

Ante la feligresía, concentrada en Catedral, Noriega Barceló indicó que ese hecho implica, por medio del Evangelio, salir al encuentro de todos aquellos que requieren tranquilidad y paz.

“Con el corazón en la mano, hemos tratado de acompañar, a quienes así lo requieren, en aquellas situaciones de especial necesidad, como ocurrió por ejemplo, con la visita del papa León XIV a España hace poco”, añadió.

En ese sentido, dijo que León XIV realizó todo tipo de señalamientos por medio del discurso y de su palabra, donde “veo que se realizó lo que en muchas ocasiones escuchamos en el Evangelio, pues lo que hizo fue, como en nuestro caso, expresar el consuelo por una realidad que cruzan millones de personas de manera amarga en este momento”.

Ante ese hecho, precisó que este domingo e incluso el próximo, se escuchará en las misas el discurso misionero de Jesús por medio de San Mateo que preconiza ir a la misión y, con ello, enseñar el Evangelio: “Vayan, curen y resuciten muertos”, pidió.

Añadió a los presentes que deben ir “y aliviar dolencias, sembrar y cultivar la esperanza” y reiteró el imperativo vayan, de cual dijo que “ese verbo es hoy para nosotros un mandato que implica la relevancia por medio de la cual Jesús solía compadecerse de las multitudes que andaban como ovejas sin pastor”.

A ello sumó que “lo que Jesús vio en esas multitudes fue cansancio y hartazgo de muchas situaciones que las fustigaban, por lo que fue dentro de su mirada y de su corazón que tuvo lugar la compasión pues el bien tiene que nacer siempre en el corazón, lo mismo que la paz que deben construirse primero en el interior de las personas”.

Una vez concluidas las celebraciones del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María en días pasados, Noriega Barceló puso especial atento en hacer notar que es desde la interioridad de donde “brota todo en la vida y a donde tiene que llegar el Evangelio para transformar a la persona”.

La Compasión del Misionero En ese orden, dijo que “antes que nada, el misionero está obligado a compadecerse, lo cual no significa tener lástima sino ser empáticos al sufrir con el que sufre, esperar con el que espera, al ponernos en los zapatos de la otra persona”.

Por eso explicó que un segundo verbo sería en ese orden, “es que el señor nos invita a orar no porque el señor no sepa lo que necesitamos, sino porque confiamos en que Dios siempre nos mira con compasión y por tanto nos escucha y espera que lo escuchemos”.

Monseñor Noriega Barceló advirtió que, en todo caso, “la obra no es nuestra sino de él, por medio de ese encuentro que se hace contacto, relación y amistad, proceso que representa la experiencia del que es enviado a trabajar en el reino”.

De la misma manera, aludió al empleo de un tercer verbo, el “vayan” que se representa por las acciones del “curen, resuciten y animen”, acciones de misionero que se significan por la fuerza de la palabra divina al “ir a todas partes”, como lo escribe Mateo y los 12 apóstoles “al ir de dos en dos con cuidado pues sólo en comunidad seremos capaces de ser transmisores del Evangelio”.

Sin embargo, dijo que “lo más asombroso es que dentro de esa lista, también aparezca el nombre de Judas Iscariote, quien también es enviado por lo que no hay que ser perfectos, ya que a todos ellos les costó mucho trabajo, lo mismo que nosotros, quienes también somos pecadores incluso ante el acto de ser enviados y sanar”.

Para concluir, precisó que todo eso tiene que “ser un estilo de vida predicativo con el ejemplo para ver primero a las ovejas perdidas de Israel e ir a todas partes sin omitir nada comenzando por casa, por nuestro pueblo, el pueblo elegido para realizar la misión”.

Ante ello pidió reconocer que somos l imi tados, somos pecadores incluso para mirarnos como “sus colaboradores, como sus misioneros, donde quiera que estamos y como estemos; seamos humildes pues porque el señor quiere incluirnos en la gran obra de la construcción de su reino”.